¿Está el pescado que comemos realmente contaminado ?

18 enero 2021

Es una realidad que aún hay países en los que se incumplen las normativas y se continúan virtiendo sus aguas fecales directamente al mar, y no hace falta irse muy lejos. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea multó a España en 2019 con 12 millones de euros por el incumplimento de la directiva 91/271/CEE, que regula el tratamiento de las aguas residuales urbanas. En este caso, se encontraron 17 núcleos urbanos de más de 15.000 que no contaban con el correspondiente sistema de depuración. Actualmente, aún quedan 8 poblaciones que siguen sin solucionar el problema. Solo en el Mediterráneo, se vierten casi 230.000 toneladas de plástico al año. A nivel mundial, se calculan unos vertidos de 11 millones de toneladas anuales. Más allá del gran problema que la contaminación de mares y océanos representa en nuestro planeta (lo cual daría para un artículo aparte), resultaría demasiado atrevido por nuestra parte, el creer que toda esta contaminación no tiene un impacto directo en el pescado y marisco que llega hasta nuestros platos. Es por ello que hoy vamos a tratar de averiguar en qué medida estamos consumiendo pescado contaminado.

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    Los contaminantes más comunes

    Debido a la contaminación progresiva de las aguas, el pescado y el marisco que consumimos contienen concentraciones cada vez más altas de contaminantes. Las toxinas detectables más comunes son los bifenilos policlorados (PCB) y el mercurio.

    Los PCB se encuentran entre las sustancias más tóxicas desarrolladas por el ser humano, junto al DDT y la dieldrina. Incluso cantidades a priori ínfimas de PCB pueden causan cáncer y deformaciones incluso a las generaciones siguientes.

    ¿Cómo afecta el PCB a la fertilidad?

    En un estudio financiado por el gobierno estadounidense se analizaron muestras de esperma de un grupo de varones. En él, se llegaron a encontrar PCB en el 100% de las muestras de esperma analizadas. Respecto a la cantidad de espermatozoides promedio de los hombres en Estados Unidos, se constató una disminución del 75% en unos 30 años.

    La mayoría de los toxicólogos están de acuerdo además en que la exposición a los PCB en los seres humanos proviene principalmente del consumo de pescado. Según las estimaciones de diferentes organismos estatales, los peces pueden concentrar 9 millones de veces la cantidad de PCB que se encuentran en mares y océanos. Incluso en peces de las aguas más profundas y remotas de la Tierra se han llegado a detectar PCB.

    Contaminación de los peces por mercurio

    Aparte de las intoxicaciones más agudas por ingesta de mercurio, el consumo regular de alimentos que contienen este metal pesado pueden llevar a intoxicaciones más leves. La comunidad de médicos y los dentistas se están dando cuenta de que cada vez hay más casos de envenenamiento por mercurio, que estarían producidos principalmente por los empastes de amalgama (aleación de mercurio) y el consumo de pescado.

    El mercurio contenido en los peces causa daños en el sistema nervioso

    La mayoría de los toxicólogos creen que el mercurio en las plantas tiene una forma menos tóxica que la que se encuentra en el pescado, que tendría ua forma muy tóxica de metilmercurio. Y existen muchas evidencias de las consecuencias del mercurio en el cuerpo humano. Ya en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, hubo muchos japoneses, iraníes o guatemaltecos que se alimentaron con pescados muy contaminados con mercurio. El resultado: Muchos de ellos fallecieron, mientras que otros cayeron en coma, o sufrieron graves daños cerebrales o del sistema nervioso.

    Otros medios por los que acabamos ingiriendo pescado contaminado

    Los peces y los mariscos almacenan altas concentraciones de toxinas al respirar el agua en la que viven. Los mejillones filtran casi 40 litros de agua por hora. En el plazo de un mes, los moluscos contienen contaminantes en una concentración 70.000 veces mayor que el agua que las rodea.

    Sin embargo, no basta con dejar de comer pescado para evitar estas toxinas. La mitad de los peces capturados en el mundo se destina a alimentar a animales de granja cuya carne se destina al consumo humano. Para hacernos una idea, los animales de granja estadounidenses consumen más pescado que la población humana de Europa Occidental.

    Los peces también producen sus propias toxinas

    Además de los contaminantes procedentes de la industria y la agricultura, el pescado y el marisco también contienen sus propias toxinas, la más conocida de las cuáles son las ciguatoxinas, que se acumulan en los peces de forma natural al ingerir unos tipos de algas concretos. Puede causar alteraciones sensoriales, una sensación de hormigueo en los labios, náuseas, calambres abdominales, parálisis, convulsiones e incluso la muerte.

    ¿Debería dejar de comer pescado?

    A pesar de estos problemas relacionados con la contaminación de pescado y marisco, esto no significa que su consumo deba ser completamente evitado, sino todo lo contrario. La industria pesquera presta mucha atención a la calidad. Al tratarse de un bien perecedero, no cabe de otra manera.

    El pescado y los mariscos contribuyen de manera significativa al suministro de vitaminas en una dieta saludable. Su concentración de vitamina D es prácticamente única.

    El pescado es una bomba de vitaminas y muy rico en yodo y selenio. Dado que no disponemos de ningún alimento relevante rico en yodo, aparte del pescado y los mariscos, no hay un alimento que contenga una concentración de yodo significativa. Sin la sal de mesa yodada, más del 96% de la población no llega a la recomendación de su ingesta diaria de yodo.

    El consumo de pescado tiene un efecto positivo en la diabetes, estabiliza el ritmo cardíaco y fortalece el corazón.

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