Síntomas de la depresión, tratamiento y cómo evitarla

La depresión es una enfermedad difícil. Se pierden las ganas de hacer actividades, se pierde energía y se mantiene un estado de tristeza. Para los que la sufren, es sin duda horrible y es algo por lo que no quisieran volver a pasar nunca más en la vida. Sin embargo, debo decir que durante mi carrera he conocido a muchos pacientes que la han sufrido y todos ellos la han superado, pudiendo continuar sus vidas con total normalidad. Veamos cuáles son las principales síntomas de la depresión, así como su tratamiento. Al final veremos también unas recomendaciones para poder evitarla en la medida de lo posible.

Los síntomas de una depresión son horribles, sin embargo, hay luz más allá del túnel.

Primeros signos de la depresión

La depresión es sin duda progresiva. Uno no se encuentra un día perfectamente sano y al día siguiente cae enfermo de esta enfermedad. En una etapa inicial, el paciente suele mostrar síntomas poco específicos, de manera que no se puede definir con certeza si sufre de depresión o de otra enfermedad. Según la enfermedad va avanzando, el paciente evoluciona hacia fases más depresivas, pudiendo trascurrir semanas e incluso meses hasta ser posible un diagnóstico inequívoco.

Los primeros signos de una depresión pueden ser los siguientes:

  • Dolor de cabeza
  • Dolor abdominal
  • Falta de energía
  • Disminución de interés
  • Insomnio
  • Disminución del apetito

Causas de una depresión

La depresión suele ser el resultado de la interacción de varios factores. El papel que desempeñan los factores hereditarios y ambientales varía de un individuo a otro y no es fácil de responder en cada caso. La predisposición genética, los trastornos neurobiológicos y ciertos factores de desarrollo y personalidad (factores psicosociales) constituyen la base de la mayoría de los modelos de explicación de la depresión.

Los afectados tienen, debido a diversos factores, una menor tolerancia a los factores de estrés mental, físico y biográfico que las personas sanas. Esta vulnerabilidad particular desempeña un papel importante en el inicio y el mantenimiento de la depresión. Los desencadenantes (factores reactivos) de un episodio depresivo suelen ser eventos estresantes personalmente o situaciones de demandas excesivas. Las personas con riesgo potencial reaccionan ante ellas con mayor sensibilidad que otras personas.

El papel de los genes en una depresión

Según el conocimiento científico actual, una predisposición hereditaria contribuye de manera significativa al desarrollo de la depresión. Si los parientes de primer grado han sufrido la enfermedad, el riesgo de desarrollarla es de alrededor del 15%. En el caso de gemelos, el riesgo de que ambos desarrollen depresión aumenta al menos en un 50%. Esto prueba que desde luego existe un factor genético a tener en cuenta. Los factores genéticos también pueden aumentar la sensibilidad (vulnerabilidad) al estrés psicosocial.

Trastornos cerebrales

Muchos estudios sugieren que la depresión se caracteriza por cambios típicos en los neurotransmisores del cerebro (sustancias que se encargan del transporte eléctrico y de otros elementos en nuestro cerebro). Al parecer, ciertos neurotransmisores como la serotonina, la dopamina, la noradrenalina, la acetilcolina, el ácido gamma-aminobutírico resultan estar desequilibrados. Los pacientes depresivos suelen mostrar una menor actividad de la serotonina, la norepinefrina o la dopamina en comparación con las personas sanas. Esta suposición se apoya en el funcionamiento general de acción de un determinado grupo de drogas, los llamados “antidepresivos”. Estas drogas aumentan ciertas sustancias mensajeras en el sistema neuronal y ayudan a reducir o suprimir los síntomas de la depresión. Sin embargo, los antidepresivos no son eficaces en todos los pacientes.

Además, se han utilizado técnicas de diagnóstico por imágenes para detectar cambios en la actividad del sistema límbico del cerebro durante un episodio de depresión. El sistema límbico, también conocido como sistema regulador del estrés, es en parte responsable de la percepción y el procesamiento de las emociones. La actividad alterada en el procesamiento de las emociones explica, entre otras cosas, la mayor vulnerabilidad psicológica de los pacientes depresivos y por qué los golpes del destino suelen preceder a una enfermedad.

Otras causas

Otro factor que puede contribuir al desarrollo de la depresión se basa en el desarrollo de una infancia con una educación incorrecta. Unos padres que cuiden a su hijo en un modelo extremadamente afectuoso y protector, provocarán la denominada “impotencia aprendida” y la baja capacidad para hacer frente al estrés por parte del hijo pueden ser factores de riesgo para el desarrollo de una depresión. Estos factores pueden ser causas, pero también consecuencias de la enfermedad. Por ejemplo, una educación sobreprotectora por parte de los progenitores puede darse por el hecho de que éstos detectan la vulnerabilidad psicológica de su hijo y para protegerlo de la enfermedad en una etapa temprana reaccionan comportándose de manera protectora respecto a él.

La pérdida temprana de uno de los padres, una perturbación en la relación madre-hijo o la falta de autoestima desde las primeras etapas de la infancia también pueden dar lugar a una particular vulnerabilidad a la decepción y la no aceptación de la misma. Las experiencias de pérdidas o traumas procesados inadecuadamente (por ejemplo, abuso sexual, experiencia de desastres) pueden promover el estallido de la depresión en caso de que se repitan situaciones de crisis (por ejemplo, la separación de la pareja).

En muchas de las depresiones, la enfermedad se produce después de acontecimientos críticos, estresantes o negativos, por ejemplo, la pérdida de la pareja o de un pariente o problemas con los cuidadores cercanos, divorcio/separación, etc. o simplemente cambios en el estilo de vida como la jubilación.

Cuadro clínico

La mayoría de los pacientes depresivos no son conscientes de que padecen un trastorno mental. Suelen ir al médico al comienzo de una fase depresiva con síntomas poco característicos como cansancio, problemas de concentración, mal humor, etc. Algunas personas afectadas suelen describir su estado de ánimo como desesperación o apatía. Otros pacientes se sienten deprimidos, vacíos o incluso entumecidos, incapaces de reaccionar a los acontecimientos alegres o deprimentes de la manera habitual y normal. Los afectados pierden su empuje así como su interés y alegría de vivir, están constantemente cansados. Su vida cotidiana está marcada por la falta de energía y la apatía. Es típico que los afectados tengan que obligarse a hacer todo, al principio sólo a actividades más elaboradas y no amadas, pero más tarde también a actividades más fáciles y agradables. Ya no persiguen ningún objetivo y descuidan su familia, su trabajo e incluso las tareas cotidianas como la alimentación y la higiene.

En un 70 a 80% de los pacientes, la depresión se asocia con sentimientos de ansiedad, en algunos casos hasta el punto de un trastorno de ansiedad que requiere tratamiento. Alrededor del 15% de los pacientes deprimidos experimentan signos psicóticos como delirios.

La inhibición del impulso también puede manifestarse en el aspecto exterior con una ralentización de las reacciones, los movimientos y el habla; las expresiones faciales y los gestos son rígidos. En casos extremos, las personas afectadas sólo pueden hablar o moverse con gran dificultad. El pensamiento y la capacidad de comprensión también se inhiben: la creatividad, la capacidad de concentración y de memorización disminuyen, en casos extremos hasta el punto de que en vez de síntomas de depresión, resultan más similares a los de demencia.

Tratamiento de la depresión

Muchas enfermedades sólo pueden ser tratadas con aquellos medicamentos que tienen un efecto en la psique creando una base para el tratamiento psicoterapéutico y la socioterapia, entre otras cosas. La administración de los llamados fármacos psicotrópicos permite a menudo tratar a los pacientes de forma rápida, con el objetivo de reintegrarlos rápidamente a la sociedad y al trabajo.

Para el tratamiento de la depresión se utilizan los llamados antidepresivos. El término “antidepresivos” se utiliza para describir un grupo de fármacos que aligeran el estado de ánimo y normalizan el impulso en los trastornos depresivos. Al mismo tiempo, también reducen los síntomas físicos típicos (por ejemplo, dolores de cabeza y de espalda, trastornos del sueño y molestias gastrointestinales) asociados con la depresión.

Los antidepresivos suelen surtir efecto sólo después de unas pocas semanas. Cuando los síntomas disminuyen, a menudo es necesario seguir tomando los medicamentos. Bajo ninguna circunstancia deben dejar de tomarse por cuenta del paciente, ya que esto aumenta el riesgo de recaída o recurrencia. No te preocupes: los antidepresivos no son adictivos aunque se tomen durante períodos largos de tiempo.

Consejos para evitar la depresión

Antes de nada, debo hacer incapié en el hecho de que si sientes que estás desarrollado un estado de ánimo depresivo, acudas a un profesional. Los primeros síntomas de una depresión pueden ser suficientes para visitar al médico. Los psicólogos y los psiquiatras estamos para ayudarte. Contactar con nosotros no te hace débil, sino que es una señal de que quieres poner solución a tus problemas. Los siguientes consejos son una guía que sin duda te ayudarán, pero ten siempre en cuenta la opinión de un profesional.

1. Practica las actividades que te gustan

¿Desde hace cuánto tiempo has dejado tu aficiones de lado por hacer otro tipo de actividades?

La construcción de actividades positivas es uno de los componentes de las terapias cognitivas más famosas para tratar la depresión desde sus primeros síntomas. Este desarrollo del comportamiento se introduce al principio de la terapia. A medida que el paciente desarrolla un comportamiento positivo paso a paso, es decir, haciendo cosas que le dan placer, el número de refuerzos positivos aumenta. Esto hace que la persona en cuestión se sienta recompensada, lo que puede tener un efecto positivo en el estado de ánimo.

Cada persona tiene diferentes hobbies, por lo que deberás buscar el tuyo. Si tienes una mascota, acariaciarla reducirá tu presión y te relajará, lo que a su vez provocará una liberación de oxitocina, promoviendo la unión personal.

2. Mantener contacto con nuestro entorno

El contacto con personas cercanas puede tener un efecto positivo en nuestro estado de ánimo, a pesar de que a veces nos cueste escribir un Whatsapp o llamar. Según varios estudios, la calidad vale más que la cantidad en lo que a relaciones sociales se refiere. En caso de no tener muchos amigos o familiares cerca, escribir un diario también puede prevenir una depresión desde los primeros síntomas.

3. Tomar el sol

¿Te gusta tomar el sol? Si es así, tengo buenas noticias para ti. Se ha demostrado que la luz solar puede ayudar a contrarrestar la depresión. La exposición al sol ayuda a regular el estado de ánimo. Con menos luz, se producen más fenómenos depresivos. Esto se debe a los niveles de corticosterona, una hormona que tiene mucho que ver con la ansiedad. La luz afecta a las áreas del cerebro responsables del estado de ánimo y las funciones cognitivas.

4. Evitar pensamientos negativos

El pensamiento negativo ejerce una influencia perjudicial en nuestro estado de ánimo. A veces, experimentamos distorsiones de la realiad cuando tratamos de analizarla, careciendo de un punto positivista en muchas ocasiones.

Se ha demostrado que la forma en que pensamos sobre las cosas y sacamos conclusiones tiene un gran impacto en nuestro bienestar. Las personas con depresión suelen tener formas de pensar negativas. Por lo tanto, resulta útil prestar atención a estas formas de distorsiones de a realidad si se quiere evitar la depresión.

5. Aprende a dividir tus objetivos en objetivos más pequeños

Si nos ponemos un objetivo que requiere una gran inversión de esfuerzo y tiempo, es mejor que comencemos por definir pequeños subobjetivos. Esta estrategia también es útil para no aplazar las cosas. La imagen que tenemos de nosotros mismos se fortalece, lo que a su vez se relaciona positivamente con la autoestima. Dividir un gran objetivo en pequeños subobjetivos es, por lo tanto, una buena manera de contrarrestar las tendencias depresivas.

6. Algunos alimentos te pueden ayudar

Los alimentos ricos en vitamina B (incluyendo avena, semillas de girasol, pimientos verdes, arroz integral y espinacas) y el omega 3 (incluyendo nueces y salmón) parecen ayudar a regular el estado de ánimo. Los alimentos como los huevos, los productos lácteos, los frutos secos, las plantas, las frutas y los granos enteros son ricos en triptófano y ayudan a contrarrestar los estados de ánimo depresivos. La feniletilamina contenida en el cacao también ayuda a aligerar el estado de ánimo.

Otros consejos para evitar la depresión

  • Intenta ser realista
  • Intenta moverte: El movimiento puede ayudar contra la depresión
  • Relájate o realiza deportes de relajación (yoga, pilates…)
  • Duerme mínimo 7 horas diarias (8 a ser posible)
  • Cuida de los demás pero cuídate también tú mismo/a

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